Nación Idólatra, en breve viene Juicio para tí ¡Arrepiéntete de tus pecados y conviértete a CRISTO! Iglesia de Venezuela, Vuélvete a Dios, No te desvíes ni a la izquierda ni a la derecha... Nación Idólatra, en breve viene Juicio para tí ¡Arrepiéntete de tus pecados y conviértete a CRISTO! Iglesia de Venezuela, Vuélvete a Dios, No te desvíes ni a la izquierda ni a la derecha

22 feb. 2016

LA NOCHE NO SERÁ PARA SIEMPRE

18 de Febrero de 2016



Vi, yo Ana Victoria Sanz, que llegaba la noche a este pueblo, me desesperé intentando que los encargados de encender la Luz la encendieran, pero ninguno de ellos procuraba encenderla; viendo que no lo hacían busqué con premura prender las lámparas que estaban sin luz, pero sentía que una corriente de aire muy fuerte me alejaba de los interruptores, no obstante yo luchaba contra ese viento impetuoso y cuando alcanzaba a pulsarlos no se encendían las lámparas, la noche estaba encima y Venezuela estaba en penumbras, todos tropezaban y se chocaban unos a otros, la gente tomaba las cosas al tanteo, se llevaban todo por delante y se pasaban por encima unos a otros, nadie se podía ver las caras y mucho menos las intenciones que los movían, todo era un caos y confusión, nadie sabía quién era quién, cada uno buscaba lo suyo, cada quien se enaltecía sobre el otro y cada uno violentaba al que estaba a su lado; pero en medio de aquello también veía a hermanos cristianos que yo reconocía, ellos intentaban brillar, pero su luz se hacía opaca por los fuertes vientos que movían los cables de electricidad donde estaban conectadas sus lámparas, entonces corría yo de aquí para allá intentando prender la luz del lugar, algunos hermanas y hermanos me ayudaban y me empujaban para que no retrocediera ni me cayera, animándome a que siguiera buscando los interruptores y los tableros de luz para encenderlos, pero todos los que encontraba no les llegaba corriente, vi que la noche llegó y un raro frío cubrió la tierra, me sentí impotente y sin fuerzas, exhausta, con mis piernas cansadas y con gran dolor en mi pecho, impotente, lloré rendida y pensé que esa oscuridad tan negra ahogaría mi luz, que todo estaba perdido, el frío recorrió mis huesos y pensé que moriría, entonces miré a lo lejos una tenue luz, era el rostro de angustia de una hermana del grupo de oración, recordé allí los momentos de clamores juntas y supe que el tiempo profético sobre esta nación había llegado, pero que no sería para siempre, vino pues a mí la Promesa que está en Isaías 9:1a y 9:2 “1 Mas no habrá siempre oscuridad para la que está ahora en angustia… …2 El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos”. ¡Oh Dios, aviva a tu remanente, aviva mi Luz, ayúdame a brillar en esta terrible noche que se cierne sobre nuestro país y ayúdame a encender la luz, aunque sea sólo de algún perdido en esta oscuridad!

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