Nación Idólatra, en breve viene Juicio para tí ¡Arrepiéntete de tus pecados y conviértete a CRISTO! Iglesia de Venezuela, Vuélvete a Dios, No te desvíes ni a la izquierda ni a la derecha... Nación Idólatra, en breve viene Juicio para tí ¡Arrepiéntete de tus pecados y conviértete a CRISTO! Iglesia de Venezuela, Vuélvete a Dios, No te desvíes ni a la izquierda ni a la derecha

25 nov. 2014

¡ESCUCHEN LOS DE OÍDOS AFINADOS! ¡DESPIERTEN!


Escuchen los que tienen oídos afinados y atentos a la voz de Aquel que los llamó de las tinieblas a su Luz Admirable, que los hizo pueblo suyo y los redimió con su sangre, espabilen sus ojos y estén atentos sus oídos, despiértense del letargo, levanten los muros caídos, reparen sus puertas dañadas y adquieran el bastimento necesario, porque como estruendo impetuoso se hace oír en todo sitio y lugar, en las calles, en las plazas, en las costas y las montañas, en los valles y sabanas, en las Av. y casas, por causa de los muchos pecados de esta nación, y se le ha permitido moverse por todas partes con su hambre de carne y sed de sangre demandando los pactos hechos por aquellos a quienes se les entregó el poder.


¡Escuchen! Se oye muy cerca, se oye con estruendo y hace su aparición, violentamente se mueve llena de arrogancia; ufana se mueve como si el poder y la capacidad de decidir quién vive y quién muere lo tuviera en sus manos; se mueve con libertad devastando lo que va a su paso como se movía en Egipto cuando entraba a cada casa que encontraba sin la mancha carmesí del cordero en el dintel lo cual le indicaba que le abrían sus puertas para que hiciera de las suyas en ese lugar; Pero el que fue crucificado y la venció se ríe de ella, pues en su mano están sus llaves y se levanta con justicia sobre esta nación trayendo balanza consigo y a tiempo ésta no tendrá lugar sobre aquellos que invocan el Nombre que es sobre todo nombre y se justifican con la sangre preciosa del Cordero que fue inmolado y vive. 

¿Cuánto ruido se hace escuchar? Abre su boca el mar para tragar como una fiera embravecida; se estremece en sus cimientos la tierra; los ríos arropan el paisaje y desgarran todo cuanto hay a su paso; los arrogantes endurecen su corazón, hacen prevalecer su envidia y egoísmo y por ello se hacen más violentos; los que buscan la riqueza de esta nación saltan como fieras salvajes y aves de rapiña para comer sin piedad; las pestes azotan en las ciudades y pueblos y no hay como curar el mal, ni como saciar el hambre ni como quitar la sed; el raro frío congela las casas y los que en ellas duermen no despiertan ¡Levántense ya los que tienen el oído afinado! Alcen pendón sobre esta nación, porque grande es su ruina y su calamidad y no hay quien vele y gima por ella; Despierten y vean que es el tiempo y ya es la hora, el preámbulo está dado, ¡Salgan, ya, del letargo en que se permitieron caer! Aviven la obra con premura ¡Hagan resplandecer la Luz en medio de la tiniebla!.

“11-…Conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos. 12- La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz.”


Palabra de Dios vino a mí, Ana Victoria Sanz, el 25 de noviembre de 2014, mientras meditaba en los momentos que estamos viviendo hoy en Venezuela y le hablaba al Altísimo acerca de la condición del pueblo que ha creído la Palabra y espera su cumplimiento.



Visión que en tuve en el mismo tiempo cuando me dio el mensaje ¡ESCUCHEN LOS DE OÍDOS AFINADOS! ¡DESPIERTEN!


Vi en mi espíritu que el Señor me llevaba por las ciudades, pueblos, sabanas, costas, valles, montañas, autopistas, calles, Avenidas, Mercados, Centros comerciales, zonas residenciales, barrios, en fin, vi como la muerte se movía con altivez y arrogancia, como si ella tuviera el dominio y el poder. En un instante casi me sobrecogí de temor, pero recordé que el Señor Jesús la había vencido y se había exhibido triunfante sobre ella, él había resucitado con poder sobre ella y tenía en sus manos las llaves del hades y de la muerte...así que lo que veía no tenía potestad sobre mí y si ella se movía con libertad y arrogancia era porque el mismo Señor Jesucristo se lo permitía, me fui como volando detrás de ella viendo por donde ella pasaba y evoqué en mi mente el pasaje de Éxodo 11 en el cual habla de la muerte de los primogénitos de Egipto y dije es el “Ángel de la muerte que estuvo en Egipto y vino a matar sin contemplación a todo aquel que le provoque hoy ” y dije: "¡Ah, Señor Mío, ya recuerdo! Él no entrará donde esté la mancha roja de la sangre del Cordero de Dios en el dintel la puerta", entonces apresurada, tratando de adelantarme al ángel empecé a buscar la mancha roja en los dinteles de las puertas, pero no encontraba ninguna puerta que la tuviera; la muerte entraba y hacia de las suyas donde ella le daba gana y sólo se escuchaban los ayes y los lamentos; yo busqué entre cientos y hasta miles de hogares e incluso en aquellos que yo suponía que eran cristianos y no encontraba la mancha de la sangre del Cordero y en esas casas de los que se decían “cristianos” ella hacía estragos y se ría con burla de todos los que clamaban piedad.


De pronto me sentí cansada y ya no podía más, pensé que nadie se podría salvar e incluso pensé que hasta yo moriría con tanta mortandad, entonces sentí sus fuerzas, las fuerzas del Señor y sentí sus manos que me alzaban y llevó a lo alto, mis ojos se aclararon y luego pude ver con ojos de águilas, escudriñé con cuidado y al fin logré ver, entre miles de casas, una y que otra casa tenía la mancha roja en su dintel, y allí en esos hogares había una Luz encendida y el ángel de la muerte no podía entrar.

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