Nación Idólatra, en breve viene Juicio para tí ¡Arrepiéntete de tus pecados y conviértete a CRISTO! Iglesia de Venezuela, Vuélvete a Dios, No te desvíes ni a la izquierda ni a la derecha... Nación Idólatra, en breve viene Juicio para tí ¡Arrepiéntete de tus pecados y conviértete a CRISTO! Iglesia de Venezuela, Vuélvete a Dios, No te desvíes ni a la izquierda ni a la derecha

14 jun. 2014

PALABRAS DE DIOS A LA IGLESIA EN GENERAL Y AL REMANENTE

El Señor me dijo a mí, Ana Victoria Sanz en el mes de Junio 2014:

“La salvación y libertad de esta Nación se la entrego a mi remanente en el lugar santísimo. Allí en el Santuario le entrego a mis fieles  la nueva Venezuela que vendrá a la luz cuando se haya roto la fuente roja y los ayes cesen ya.

No quiero que hagan más clamores ¡Hastiado, estoy, de los clamores!  Mi iglesia lleva años haciendo clamores, que me son aborrecibles, pues dejaron de ser clamores y se convirtieron en espectáculos con el nombre de clamores. Claman, gimen, lloran, se postran con la frente el piso pero están llenos de iniquidad y sus manos están sucias;  vienen a mí con corazones manchados por el pecado, me dicen que se arrepienten mientras claman, pero cuando terminan de clamar su vida sigue igual y hasta peor; se rasgan sus ropas, claman, ayunan y vigilan  por el país pero sus motivaciones para clamar por Venezuela son sus propios intereses;  sus clamores  tratan de manipular mi  voluntad, demandando que Yo adecue mis propósitos eternos de salvación, sanidad y liberación del hombre pecador de esta nación  a los berrinches de unos hijos soberbios que se tiran al piso exigiéndome que Yo haga su voluntad ¡Basta, iglesia!¡No lo hagas más! Me son ruidos estridentes, chillidos de niños malcriados que hacen pataletas cuando no les dan los que ellos quieren ¿Quién te dice que yo cambio mi voluntad por unos cuantos espectáculos y berrinches ¡No me conoces! ¡Esa actitud me enardece y me llena de coraje! Demanda que con premura  tome y descargue contra ti la vara del castigo para que, por lo menos, trate de salvar tu alma.

Ahora a ti te hablo remanente mío, que me has agradado con tu corazón:

¡Ven, ven, remanente Señor! ¡Entra en adoración al lugar santísimo! ¡La Puerta está abierta, ven y entremos!
Te estoy esperando en el lugar Santísimo, remanente mío, amada mía,  dice el Señor, para entregarte en tus manos la victoria sobre los enemigos de esta nación; para entregarte la sanidad, la salvación y la libertad de Venezuela.
¡Oh, Amada mía, mantén tus ropas limpias  en la sangre del Cordero y mantén limpio en Él Tú corazón! ¡Oh, mantén tus manos limpias en esa preciosa sangre carmesí! Y entra con confianza para adorar.

He aquí,  que susurro a tu oído como el esposo a la esposa le susurra el secreto en su alcoba, así  te susurro hoy palabras que solo tú puedes percibir, pues tus oídos se abren para escucharlas y tu corazón para entenderlas: “Las victorias de las batallas y guerras que se libran y se librarán en esta nación están en la alabanza y en la adoración a Jesucristo el Salvador que se lleven al lugar santísimo de Dios”.

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