Nación Idólatra, en breve viene Juicio para tí ¡Arrepiéntete de tus pecados y conviértete a CRISTO! Iglesia de Venezuela, Vuélvete a Dios, No te desvíes ni a la izquierda ni a la derecha... Nación Idólatra, en breve viene Juicio para tí ¡Arrepiéntete de tus pecados y conviértete a CRISTO! Iglesia de Venezuela, Vuélvete a Dios, No te desvíes ni a la izquierda ni a la derecha

29 may. 2010

PROFECÍA A LOS PASTORES

Así te dice el Señor tu Dios: A ti pastor, que apacientas las ovejas del buen Pastor, recibe estas palabras y vuélvete de tus malos caminos, para que Dios te extienda su misericordia y sea oído tu clamor en el día malo y seas librado de la voracidad del cazador, porque “¡Ay de ti pastor, que te empeñas en mantener ciegas y en la miseria a mis ovejas! ¡Ay de ti pastor, que en tu religiosidad ciegas tu entendimiento negando con tus acciones mi Justicia y vedándole a mi Pueblo las llaves que abren las ventanas de bendición y abundancia de todo bien; provocándoles que en su pobreza y escasez renieguen de Mí! ¡Ay de ti pastor, que has profanado Mi Casa con tus intereses políticos, que te alegras en sentarte en la mesa de los escarnecedores y en sus banquetes presumes de que estoy contigo! ¡Qué falto de entendimiento eres! ¿Quién te dijo que Yo soy un Dios mendigo que me alegro con sus limosnas? ¿No Soy Yo el dueño del oro y de la plata, no Soy Yo el Dios de los tiempos y que pongo reyes y quito reyes? ¿Acaso es difícil para Mí colocar reyes conforme a mi corazón? ¿Acaso no conozco Yo tu corazón y tus pasiones desenfrenadas por el poder que hipócritamente pones mi Nombre al frente para revolcarte cual ramera con tu dios de la política y confundes, hieres y hasta matas a mis ovejas, porque no están de acuerdo contigo? ¡Ay de ti pastor, que desvías a mi pueblo del Camino, del mensaje de la Cruz, de la Resurrección, de mi Justicia, de la Segunda Venida de mi Hijo y de mi Juicio, hacia veredas amplias de vana prosperidad y riquezas; veredas permisivas y pecaminosas que los conducirán a la muerte! ¡Ay de ti pastor, que te empeñas en entretejer doctrinas de hombres como doctrinas salvadoras, que parcelas en ellas a mis ovejas y corderos encadenándolos y hasta matándolos con tus rígidas y vanas leyes señaladoras de su salvación y de la presencia de mi Espíritu en el corazón de ellos! ¡Ay de ti pastor, que enseñas a mis ovejas a practicar la iniquidad y a odiar a sus hermanos, sólo porque no practican tus doctrinas fatuas de hombres que en verdad esconden la santurronería y fariseísmo que hay en tu corazón! ¡Ay de ti pastor, que no ordenas mi casa, que dejas que el desorden obre en mi alfolí, que tienes en poco manejar con cuidado el tesoro de mi casa y dejas que el impío tome lo que es mío para deleitarse en sus concupiscencias! ¡Ay de ti pastor, que diriges a tus ovejas en las sendas del libertinaje y del desorden y en la falta de temor a mi Palabra! ¡Ay de ti pastor, que escuchas a los profetas que te aúpan y te hablan bien y cierras tus oídos y mantienes con pan de angustia y con agua de aflicción a mis profetas que te hablan Palabra de verdad y que te exhortan para que te vuelvas de tu pecado y dirijas en santidad y en unanimidad a mi Pueblo! ¡Ay de ti pastor, que desechas a mis maestros por escuchar profecías y enseñanzas de espíritus de mentira y manipulación agradables a tu oído! ¡Ay de ti pastor, que en la congregación que he puesto a tu cuidado dejas de lado el impartir la sana doctrina, el conocimiento y la enseñanza de mis mandamientos y preceptos y en tu ceguera encarcelas y matas a mis maestros! ¡Ay de ti pastor, ay de ti!”

Otra vez, pueblo de Dios; el Dios tuyo que conoce tus pensamientos y escudriña los corazones te habla a ti que te niegas a oír esta voz para que depongas tu actitud y dejes de lado tu soberbia y desobediencia; porque “¡Ay, de ti pueblo de Dios que has decidido ser rebelde a estas palabras! ¡Ay de ti pueblo de Dios que buscarás cualquier excusa para decir que la boca de Jehová no ha hablado! tu duro rostro y tu dedo señalador demuestran cuanto te has envilecido cual fariseo y cuanta hiel y podredumbre hay en tu corazón. Dice Dios “Tu pecado llegó a los cielos y mi balanza te ha hallado falto”.

Por esta razón se enciende el furor de Dios contra su pueblo y se extiende contra él su mano; cierra los ojos para no ver tu aflicción mientras la espada desenvainada comienza con los que en el altar ministran y sin piedad alguna no descansará, ni reposará hasta que haya acabado.

Nuevamente dice Dios: “¡Ay pueblo de Dios! Tu maldad te castigará y tus rebeldías serán las que te condenen, por cuanto has decidido escasear en mi temor y dejar de lado mi Palabra y por cuanto conoces la Verdad y te empeñas en desviarte del Camino, tu castigo será mayor. Te probaré con fuego, fuego que consuma como paja tu soberbia, tus vanas obras y tus doctrinas de hombres. En el día de la destrucción repentina no estaré contigo y tu angustia no será oída. ¡Ay, pueblo de Dios tu maldad te ha alcanzado! No hay donde esconderse, se han vuelto contra ti y corren detrás tuyo con palos y toda clase de armas para comer tus carnes; como quienes cazan liebres son tus perseguidores, los cuales te buscan aun en los escondrijos y te sacan, exhiben y te cuentan como quién se ufana en contar las presas de su caza. Por tu pecado e incredulidad dejaré que la muerte te persiga y te alcance la calamidad. En tu angustia y persecución te haré amar al hermano que desprecias y con tus manos agarradas tan fuertes a las de él, como el que teme ser arrebatado del otro, clamarás a Mí por tu salvación. Te dejaré beber de mi copa y si me negares yo también te negaré. Dejaré que tus angustiadores golpeen tus carnes y tu corazón y que traten de volverte hacia ellos hasta la muerte. Pero Yo me acordaré del justo, me acordaré de aquel que se volvió a Mí, de aquel que quebrantó su corazón y se humilló ante mi presencia y haré que sus perseguidores sean destruidos y devorados ferozmente por las aves de rapiña y las fieras grandes que saltan de los montes y los mares. Entonces bajaré a ellos con el consuelo y el bálsamo para sus heridas y enjugaré su llanto, levantaré su cabeza y le daré a comer banquetes, le ungiré con mi aceite, le daré por herencia la tierra, le haré llover la lluvia temprana y tardía, le daré buena semilla para que siembren, le podré en alto, y el fuego de mi Espíritu estará en ellos; los cinco dedos de la mano edificarán mi iglesia; el hermano con el hermano compartirán banquete con alegría y gozo; se añadirán en multitudes los que han de ser salvos y el avivamiento de esta nación se extenderá hasta los confines de la tierra, porque mi venida esta cerca.

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